Entendiendo la crisis ecuatoriana

Estamos enfrentando la peor crisis de la historia. Si hasta hoy nuestro referente más penoso era la crisis de 1999, cuando nuestra economía decreció un 5%, entre los economistas hay cierto consenso de que, por lo menos, este año la producción se reducirá en un 7%.

En términos sencillos, si baja la producción, bajan las ventas. Sin ventas las empresas no pueden sobrevivir, por ende, hay menos fuentes de trabajo. Aumenta el desempleo, con el consecuente deterioro de la calidad de vida de las familias.

Si bien la crisis es mundial, en el Ecuador particularmente nos afecta con más intensidad debido a la convergencia de varios problemas: un déficit que arrastramos del año 2019; nuestro principal bien de exportación, el petróleo, registra récords de precios bajos; y el riesgo país está disparado, borrándose el Ecuador del mapa de los préstamos en los mercados financieros internacionales.

A esto súmele los “5 No”: no tenemos ahorros, no tenemos reservas internacionales, no podemos devaluar moneda, no podemos imprimir billetes y, como decíamos, no podemos acceder a mercados internacionales. Entre todo lo descrito, las necesidades de financiamiento inmediato se estiman superan los 10.000 millones de dólares.

Frente a este escenario catastrófico, ¿qué podemos hacer? Primero, tener clara las prioridades: salvar la vida de los más vulnerables y reactivar la economía para salvar empleos.

En virtud de que no están ingresando divisas al país, la única forma de obtener dinero es pedir préstamos en el exterior. Al FMI, a China, al Banco Mundial, a EEUU, honestamente no importa el financista, sino contar con liquidez INMEDIATA para cumplir las prioridades antes indicadas.

Luego, sí o sí, hay que vender los activos improductivos del Estado, reestructurar las condiciones de nuestra deuda externa y, sobre todo, realizar una agresiva reforma laboral que flexibilice la contratación para sostener el empleo en el país.

Pero lo más urgente: hay que reducir el tamaño del Estado. En 2008 el presupuesto del Estado fue de 10 mil millones. Posteriormente, durante las épocas de bonanza y despilfarro, alcanzó los 36 mil millones. A pesar de la crisis económica y social de 2019, para este año se presupuestó 35 mil millones. No hubo ninguna reducción.

Hoy, ante la dificultad de sostener este Estado obeso e ineficiente se pretende, a través de más impuestos, seguir metiendo la mano en el bolsillo de las pymes, profesionales y empleados privados que, como todos sabemos, están prácticamente quebrados.

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Cuencano. Profesor de Estudios Globales en @uazuay . Columnista en @primicias y en @mercurioec. Website: matiasabad.com

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