Perú vive una crisis de representación política. Lo ocurrido en estas dos semanas evidencia la fragilidad del sistema democrático peruano, así como la poca sintonía que tiene la clase política con las expectativas de los ciudadanos.

La historia empieza en 2016, con el triunfo de Pedro Pablo Kuczynski (PPK) frente a Keiko Fujimori. Tras dos años de gobierno, marcados por una férrea oposición del bloque fujimorista, PPK es vinculado en hechos de corrupción en el Caso Lava Jato y, finalmente, presenta su renuncia.

Tras su dimisión en 2018, el entonces vicepresidente, Martín Vizcarra, asumió la primera magistratura, heredando un Congreso en contra. Ante esto, Vizcarra toma dos decisiones que explican lo ocurrido en las últimas semanas: vía referéndum aprueba la no reelección de los congresistas y, en septiembre de 2019, disolvió el Congreso.


Al momento de escribir esta columna, Joe Biden está a seis votos electorales de alcanzar la Presidencia de Estados Unidos.

La decisión final la tiene el estado Nevada, históricamente demócrata. Si nada sorpresivo ocurre, Biden alcanzaría al menos los 270 compromisarios y, virtualmente, sería el nuevo presidente de Estados Unidos.

Esta elección, que ha registrado un récord de participación electoral, ha estado marcada por una campaña suigéneris en medio de la pandemia; y también ha evidenciado que, nuevamente, las encuestas se equivocaron.

A pesar de que la experiencia de 2016 hizo que las consultoras afinen sus técnicas de muestreo, así como sus instrumentos de recolección de datos, prestigiosos medios de comunicación como The Economist, NBC y Wall Street Journal, pronosticaron una diferencia de al menos 10 puntos a favor de Biden en el voto nacional. …


Con más del 50% de los votos, Luis Arce, candidato por el Movimiento al Socialismo, se alzó con una cómoda victoria en primera vuelta en las presidenciales bolivianas.

Durante más de una década, Arce estuvo al frente del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas de Bolivia a lo largo de las sucesivas presidencias de Evo Morales.

Se le atribuye un manejo responsable de la economía, reduciendo significativamente la pobreza, controlando la inflación y manteniendo estable el tipo de cambio. Todo esto dentro de un modelo económico social comunitario y productivo, como él mismo lo ha denominado.

Estos dos elementos, su aplastante victoria en las urnas así como su probada experiencia en las altas esferas de lo público, inevitablemente nos hacen recordar la última elección presidencial en nuestro país cuando, de la misma manera, el entonces presidente Rafael Correa designaba a su mejor cuadro para asegurar el triunfo y mantener su influencia sobre el Ejecutivo. …


Hace veinte años inicié la universidad. En aquella época, el celular recién empezaba a ser asequible, el acceso a Internet era medianamente razonable y los trabajos en grupo concluían con la costosa quema de un CD que contenía la presentación en Powerpoint solicitada por el profesor. No existían las redes sociales y casi nadie tenía una memoria USB.

Desde entonces muchas cosas han cambiado. Hoy, nuevamente en la universidad pero desde el otro lado del pupitre, la tecnología se ha constituido un gran aliado del docente; especialmente bajo las circunstancias actuales.

Los materiales de las clases se organizan en Google Classroom, usamos ZOOM para las conferencias y las lecciones se toman en el teléfono a través de Quizziz. Como tarea, los estudiantes cargan su hoja de vida en LinkedIn, ven un documental en Netflix y todos aportan sobre un tema en el archivo colaborativo en Google Docs. …


Me siento demasiado viejo para ser milenial, no entiendo sus códigos y me incomoda su excesiva sensibilidad y esa permanente necesidad de reconocimiento.

Tampoco me identifico con la cohorte anterior, la generación X: no comparto su indiferencia ante la actual problemática global y me parece algo aburrida su visión lineal de la vida, alrededor del trabajo, los amigos y el hogar. Ni de aquí, ni de allá.

Para mi sorpresa, esta sensación de “limbo generacional” es compartida por la mayoría de quienes tenemos el mismo rango de edad en todo el mundo.

Es así que el análisis de este grupo etario ha llegado a la academia y hoy, gracias a las redes sociales, se ha popularizado el término xennial (creativa combinación entre generación X y milenial) para referirse a este segmento. Hoy la palabra ya figura en el diccionario Oxford.


Hace poco más de un siglo, el sociólogo alemán Max Weber publicó el texto La política como profesión, tratado clásico del pensamiento político que, entre otras cosas, sugiere que el político profesional debe reunir tres cualidades fundamentales para tener éxito en su actividad: pasión, sentido de responsabilidad y mesura.

La pasión se refleja en una legítima entrega a una causa, así como hacia aquellos ideales y principios que la inspiraron. Pero tener pasión no es suficiente. …


Los jóvenes están decepcionados de la política. Y tienen todas las razones posibles para estarlo. La insoportable corrupción, los malos gobiernos y el débil sistema de partidos han ahuyentado su interés por acercarse a esta doctrina.

Por supuesto, no es menos cierto que desde el activismo son los jóvenes quienes enarbolan mayoritariamente las causas medioambientales, animalistas y de defensa de derechos. Sin embargo, el natural paso a la política electoral lo ven distante y poco deseado, a pesar de ser ahí donde se toman las decisiones.

Lamentablemente, esta apatía provoca que los jóvenes tampoco se involucren en la realidad de su ciudad, provincia y país; y es este mismo desencanto el que mantiene a los mismos políticos de siempre tomando las decisiones importantes. …


Políticos, analistas y hasta académicos advierten la muerte de las ideologías políticas. El argumento recurrente es que, en una sociedad con problemas tan complejos, solo el pragmatismo es capaz de ofrecer respuestas concretas y viables a los cambios que estamos viviendo.

Recientemente, un aspirante a Carondelet -en aras de desmarcarse de la desgastada figura del político tradicional- señaló que trabajará para unir a Ecuador no por ideologías, sino por objetivos; apelando al manido discurso de que hay que superar las etiquetas de izquierda o derecha.

Este recurso comunicacional no es más que una electorera interpretación de las expectativas del grueso del electorado. …


El poder es una droga dura. Cuando empiezas a saborearlo, te engancha; cuando lo pierdes, te frustra. El poder llama al poder y cuando consigues un poco, quieres más.

Poder y política van de la mano, pues en democracia el voto popular legitima esa capacidad de tomar decisiones en nombre de todos, es decir, lo que llamamos “tener autoridad”.

Esta adicción al poder puede ser tan fuerte que muchas veces el político delira creyendo que el cargo que ostenta y él son lo mismo, dos partes de un todo.

Incluso, en ciertos casos, el político está convencido de que recibió un “encargo divino” para conducir el destino de su pueblo. Es tal la megalomanía que si solo dependiera de él, se quedaría eternamente en funciones (cosa que, en efecto, a veces ocurre). …


Hace más de dos siglos, el filósofo francés, Joseph de Maistre, sostenía que “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”, para referirse a que tanto los vicios como las virtudes de nuestros gobernantes no son más que el reflejo de la sociedad a la que pertenecen. Sociedad que les confió el voto y que, generalmente, en poco tiempo se desencanta.

Una primera reflexión al respecto -al menos en nuestro país- atribuiría este comportamiento recurrente al paupérrimo nivel de educación y de formación política de la mayoría de ciudadanos.

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Matias Abad M.

Cuencano. Profesor de Estudios Globales en @uazuay . Columnista en @primicias y en @mercurioec. Website: matiasabad.com